Lord of Myths: I Can Summon and Fuse Divine Powers.-Chapter 67: Releasing the Seal in the Golden City. (2)
Sin duda alguna el palacio dorado era una obra arquitectónica maestra.
Su interior era la prueba de ello.
Grandes columnas blandas se elevaban hacia el techo, mientras que el suelo de mármol estaba decorado con manchas de oro que le daban un estilo elegante y majestuosa.
Sin en embargo, en ese momento Epimetheus no se encontraba entre las majestuosas columnas de mármol o observando las distintas obras de arte pintadas en el palacio.
El se encontraba en un área más olvidada y antigua, un subterráneo creado para guardar antiguas reliquias escondidas capaces de poner en peligro todo el reino.
Epimetheus sonrió mientras avanzaba por los antiguos pasillos de piedra, dirigiéndose hacia la sala donde estaban sellado aquellos artefactos.
—Vaya, parece que nisiquiera hay guardias por aquí —comento el anciano con una sonrisa divertida mientras se acercaba a la sala.
Está última era un cubo negro metalizado, con líneas azules recorriéndolo.
Era un circuito mágico que activaba la barrera de aquella "sala".
Sin embargo, para Epimetheus no resultaba nigun reto romper aquel sello.
El hombre extendió su brazo, tocando la lisa pared metálica del cubo.
En un instante, las líneas de los cinco circuitos mágicos se torno roja, y chispas de ese mismo color empezaron a saltar violentamente en su mano.
Epimetheus nisiquiera se inmutó ante aquellas descargas de energía esotérica, el simplemente introdujo su propio ka en el cubo.
En un instante se adueñó de la barrera, modificando su código y funcionamiento, causando que la luz de aquellas líneas se tornará dorada.
Epimetheus sonrió mientras el cubo se empezaba a abrir, dejando un espacio para que el pudiese entrar.
—Vaya, fue incluso más fácil de lo que imaginé —afirmo el anciano con una risa burlona.
Entonces dio un paso dentro de la sala, mientras utilizaba su propio ka para iluminarla.
La sala se iluminó en un instante, desvelando una sala muy grande, llena de todo tipo de artefactos.
Cada uno estaba sellado, ya sea con cadenas, papeles o runas.
Epimetheus le echo una mirada a la sala y su contenido.
Tantos artefactos bajo su poder, aunque a él no le llamaba la atención realmente, en estaba buscando algo en específico.
Epimetheus camino tranquilamente por la sala hasta que encontró lo que buscaba.
Una caja negra, suspendida en el aire sujetada por multilles cadenas de color dorado.
—Aqui estás —dijo el hombre con una sonrisa satisfactoria mientras chasqueaba los dedos.
Con aquel chasquido las cadenas estallando, dejando caer el pequeño cubo en su mano.
—Si, veo que estás aquí —afirmo Epimetheus con una sonrisa.
Cierta nostalgia le invadió al ver aquel cubo.
El aún lo recordaba, la causa de su desgracia pero también, la única razón por la cual pudo vengarse.
El sello que encerraba a la Ashura de la tiranía.
Si bien esa misma había sido destruida hace mucho tiempo, el sabía que al haber estado encerrada tanto tiempo en aquel sello, parte de su alma se había conservado allí.
Claro, el no sabía esa verdad simplemente por ciencia infusa, el se había enterado debido a su investigación sobre cierto evento.
La revolución Zagreus.
Zagreus era un demonio, un simple esclavo sin siquiera nombre que vivía frustrado de los constantes abusos de los Vanir.
El estaba lleno de odio, algo insólito para alguien sin nombre, que por lo general suelen vivir en un estado onírico, como si no fueran conscientes de la realidad, como si estuvieran constantemente dormidos.
Sin en embargo, ese profundo odio atrajo la atención de cierta persona, la cual lo vio como una oportunidad.
La Ashura de la tiranía era consciente en aquella caja, más sabía que era muy débil, y que exponerse podía ser un suicidio.
Por eso quedó en silencio, hasta conseguir una oportunidad.
Zagreus.
Cuando ella vio aquel odio, lo llamó.
Llamo a aquella alma atormentada, y le dio un nombre y un propósito.
Cuando Zagreus se hizo con un nombre, y adquirió un destino, su odio se intensificó mucho más.
Era más palpable, más visible.
El, uso el poder de aquel cubo y de la Ashura de la tiranía para darle un nombre a todos los esclavos, y así empezar una revolución.
El problema fue que cada esclavo fue contaminado con aquel odio, haciendo que se corrompan y despierten Azoth en su interior.
Ellos mutaron, adquiriendo una forma muy similar a la que tenían los contaminados por el Azoth originalmente.
Bestias sin control y con absoluto odio hacia los Vanir.
Ellos cometieron todo tipo de atrocidades.
Mataron, abusaron, mutilaron, devoraron cientos de civiles en un instante.
Fue una tragedia que recordaba al apocalipsis.
De entre ellos, Zagreus era el más poderoso.
Además todo el horror que causaban solo alimentaba aún más el poder de la Ashura de la tiranía dentro de su sello.
Dentro de aquel cubo negro.
Si la "revolución" hubiese seguido por aquel camino, muy seguramente la Ashura de la tiranía habría recuperado suficiente poder para obtener un nuevo cuerpo.
Más no fue así.
El estado actuó a tiempo, y Zagreus fue asesinado.
El cubo fue encontrado y visto como peligroso, sellado en Aurudil para que no volviera a contaminar a nadie.
Todo aquello pareció quedar como una simple tragedia, pero de pronto los Vanir se empezaron a plantar una idea.
¿Y se repetía algo así?
¿Y si los demás demonios o hadas veían a Zagreus como un héroe y seguían su ejemplo?
Aquella rebelión había destruido por completo su seguridad en la autoridad que tenían.
Al parecer, incluso sin un nombre, las personas podían llegar a revelarse si se les presionaba demasiado.
Y los altos mandos no fueron los únicos que llegaron a esa conclusión.
Después de todo, los Vanir que siempre habían vivido tranquilos descubrieron que quizás no estaban de todo a salvo en aquel país utópico que surcaba los cielos.
Se percataron que seguían teniendo un depredador.
Algunos estaban escépticos, no querían admitir que aquellas atrocidades hubiesen pasado y simplemente no se lo creyeron.
Era algo normal, ellos que estaban acostumbrados a la paz y nunca tuvieron que preocuparse de su seguridad no podían creerse tan atrocidad.
Era como ficción para ellos.
A esto se le sumaba que el propio echo de que eso fuese así era algo aterrador.
Les hacía plantearse un futuro fuera de su comodidad, y eso les aterraba internamente.
Por eso era más fácil negar que hubiese ocurrido aquella atrocidad, o que la gente simplemente lo había exagerado.
Sin embargo, también había gente que si se lo creía.
Algunos entraron en pánico, creyendo que era el final de la era de paz en Caelestia, que el mundo se había acabado definitivamente.
Otros, si se lo creían, y simplemente no sabían que hacer.
No podían hacer nada para cambiar ese evento, así que simplemente rezaron y se acercaron más a Od’Zohar.
Otros, se volvieron completamente radicales.
Se dieron cuenta de que las hadas y los demonios se podían revelar, por lo que llegaron a una conclusión muy oscura.
Para poder sobrevivir o evitar que eso ocurriera se nuevo, debían ejecutar a todos los miembros de esa especie.
Algunos más calmados simplemente propusieron sacarlos de Caelestia.
Después de todo ellos eran el pueblo elegido, los que se habían salvado! Que no habían sucumbido a la esencia del exterior.
Eran los verdaderos dueños de Caelestia, y si los demonios y hadas resultaban ser un peligro, era imperativo deshacerse de ellos por los medios que fueran necesarios.
Más, entre en pueblo también surgió una posición completamente opuesta.
Esas personas empezaron a ver cómo se trataban a las hadas y los demonios, empezaron a ser más conscientes.
Ellos, que siempre habían dado por echo que las hadas y los demonios eran una especie inferior sin emociones o derechos de plantearon.
¿Realmente es así?
¿Realmente ellos no sienten?
¿Realmente ellos son tan diferentes?
Y empezó a salir un movimiento a favor de los derechos de hadas y demonios.
Este movimiento quería dejar de esclavizar a estas razas y darles derechos.
El pueblo se separó, y empezó lo que parecía una guerra civil.
Los nobles tampoco lo tenían fácil, el emperador había muerto sin sucesor, lo cual le daba la oportunidad a la iglesia de ganar poder.
En cambio los nobles querían conservar los privilegios que les daba un gobierno autoritario y querían designar un nuevo emperador.
De pronto, ambos bandos tomaron también posición en que hacer con las hadas y demonios.
Los nobles querían seguir como siempre, y la iglesia darles derechos.
Por desgracia para los nobles, esa posición no les favoreció, ya que el pueblo no estaba de acuerdo con que todo siguiera igual.
La iglesia se aprovecho de eso y creo una república conformada por múltiples ministerios, cosa que los nobles tuvieron que aceptar debido a su inferioridad numérica.
Además, ellos sabían que si asesinaban a todos las hadas y demonios corría más peligro de una nueva rebelión, lo cual les hacía sentirse más seguros con la posición de dejarlos libres.
Al final, se dicto que se podía liberar voluntariamente a los esclavos, y que está tendrían derecho al igual que el poder darse un nombre.
El pueblo se calmo tras de esto, y el nuevo gobierno se asento.
—Je, en manos de un crío con problemas de ira pudiste revolucionar por completo este imperio autoritario... cuando recuperes todo tu poder, fácilmente podrás destruirlos a todos —dijo el anciano con una sonrisa mientras sostenía el cubo negro en su mano.
Una nueva era estaba a punto de empezar.







